Inventos inútiles Vol. 1: La jabonera
El otro día, inocente como un corderito, disfrutaba de una refrescante ducha helada para aguantar los calores de este verano. ¿Cómo podía imaginar que iba a ser víctima de un complot llevado a cabo por un invento traicionero, macabro y peligroso como es La jabonera?

La finalidad de este invento es muy clara: guardar las pastillas de jabón sin que éstas se puedan mover de su sitio. ¿Para qué? Para que por ejemplo, si se caen a la bañera, no tengas que estar con los ojos llenos de jabón (a lo que hay que sumar miopía) buscando a ciegas, como un topo, una minúscula pastillita de jabón que se escurre con total impunidad a través de los barrotes de la jabonera.
Hasta aquí no parece un problema muy grave. Te agachas, la buscas, y la colocas en su sitio. Pero cuando la ley de Murphy actúa, la oscura sombra de la desgracia hace acto de presencia... ¿Y si la pastilla se desliza sin hacer ruido hasta caer al fondo de la bañera, la pisas, te resbalas y te pegas un josconcio digno de un concursante de humor amarillo?

¿Cuál sería la solución del fabricante ante este problema?
Muy sencillo: comprar una pastilla nueva cada vez que sean lo suficientemente finas como para colarse por las rendijas.
Pero no, eso sería demasiado fácil. La misión de la jabonera es mantener bajo control al jabón, sea cual sea su tamaño. ¿Es que estos cacharros no pasan por controles de calidad y seguridad?

Claro que igual sólo pasa con este modelo de jabonera, que me da a mí que fue comprado en una tienda de todo a 100. Al final va a ser cierto eso de que lo barato puede salir caro...






