...porque sólo el metal refleja de forma noble el universo que nos rodea.

sábado, julio 29, 2006

Inventos inútiles Vol. 1: La jabonera

El otro día, inocente como un corderito, disfrutaba de una refrescante ducha helada para aguantar los calores de este verano. ¿Cómo podía imaginar que iba a ser víctima de un complot llevado a cabo por un invento traicionero, macabro y peligroso como es La jabonera?


La finalidad de este invento es muy clara: guardar las pastillas de jabón sin que éstas se puedan mover de su sitio. ¿Para qué? Para que por ejemplo, si se caen a la bañera, no tengas que estar con los ojos llenos de jabón (a lo que hay que sumar miopía) buscando a ciegas, como un topo, una minúscula pastillita de jabón que se escurre con total impunidad a través de los barrotes de la jabonera.

Hasta aquí no parece un problema muy grave. Te agachas, la buscas, y la colocas en su sitio. Pero cuando la ley de Murphy actúa, la oscura sombra de la desgracia hace acto de presencia... ¿Y si la pastilla se desliza sin hacer ruido hasta caer al fondo de la bañera, la pisas, te resbalas y te pegas un josconcio digno de un concursante de humor amarillo?


¿Cuál sería la solución del fabricante ante este problema?
Muy sencillo: comprar una pastilla nueva cada vez que sean lo suficientemente finas como para colarse por las rendijas.

Pero no, eso sería demasiado fácil. La misión de la jabonera es mantener bajo control al jabón, sea cual sea su tamaño. ¿Es que estos cacharros no pasan por controles de calidad y seguridad?


Claro que igual sólo pasa con este modelo de jabonera, que me da a mí que fue comprado en una tienda de todo a 100. Al final va a ser cierto eso de que lo barato puede salir caro...

viernes, julio 21, 2006

Superman... ¡Ha vuelto!

El otro día tuve la suerte de ir a ver Superman Returns en cine, y digo la suerte porque hay películas que las ves en casa y piensas: "Vaya hombre, ojalá hubiese visto esta película cuando la echaron en cine."

Y es que este personaje, para mí, no es sólo un producto comercial. Uno de los momentos que mejor recuerdo de mi infancia, es cuando con 6 años vi por primera vez la película de Superman. Un placer para la vista, una inolvidable experiencia para un niño que desde muy pequeño siempre tuvo (y sigue teniendo, porque no se pierde) la ilusión de volar. No entendía muy bien la historia de la película, pero me encantaba lo que el personaje representaba: Un ser todopoderoso, que a pesar de estar sólo en un mundo al que no pertenece, se dedicaba a hacer todo el bien posible sin esperar nada a cambio.



Mucho ha pasado desde entonces, y aunque se hicieron tres películas más de Superman, ninguna de ellas me impactó tanto como la primera...

Hasta el otro día.

18 años después de haber visto todas mis fantasías infantiles reunidas en una película, tuve exactamente la misma sensación que cuando era pequeño, pero esta vez, en una sala de cine. Los efectos de sonido, las escenas en las que puedes ver claramente cómo levanta el vuelo, la velocidad a la que lo hace... Imágenes donde da salida a todo su poder. Y sobre todo, también, la música. Cada 5 minutos tenía los pelos de punta.



He leído muchas críticas y opiniones sobre la película, y casi todas se centran en:
- "Esperaba que tuviese más acción."
- "Es demasiado larga."

En mi opinión (que para eso éste es mi espacio :P) no se hace larga si no vas con la intención de ver una película sólo de acción. Sí que tiene acción, pero no han querido convertirla en una película más con tropecientos efectos especiales. Han querido profundizar en el personaje, en lo que siente y en cómo ve él el mundo a través de sus ojos. Hay una escena que se me quedó grabada en la retina: Se ve la Tierra desde el espacio, y Superman quieto, flotando en la nada, con los ojos cerrados. Escuchando TODO lo que la gente dice, para saber dónde le pueden necesitar. De repente se centra en un sonido en concreto, algo malo está pasando. Ya sabe que es ahí adonde tiene que ir. Abre los ojos y sin pensárselo dos veces, acude a la llamada de los necesitados... Qué se puede decir ante eso.

Y es que no es sólo un ser casi indestructible que puede volar a su antojo y destruir con su mirada cualquier material (que no es poco). Lo que le hace especial es esa responsabilidad que siente hacia los habitantes de la Tierra. No se lo piensa, actúa, siempre con la intención de ayudar, sea cual sea el precio que tenga que pagar por hacerlo (y en esta película, le cuesta más que nunca).

No me extraña que su sobrenombre sea, "El hombre de acero", porque como dice la frase de este blog: "...sólo el metal refleja de forma noble el Universo que nos rodea".

Y no hay nadie más noble que este entrañable personaje.


(éste es mi particular homenaje a Superman. Dentro de poco, cuando esté terminada la escena, la pondré para honrar su memoria xD).

viernes, julio 14, 2006

Homenaje a lo extraño

Bueno, bueno. Como todo tiene un principio, y porque me da cosa dejar el blog vacío, aprovecharé para zanjar un asunto pendiente (Lady Halcón, esto va por usted y sus gárgolas de piedra).


La historia es la siguiente...

Cuando alguien reside en un lugar y tiene algo bonito que mostrar, se siente orgulloso de ello:
  • Los italianos, por ejemplo, estarán encantados con enseñar al mundo el coliseo, la torre inclinada, etc...
  • Los franceses: el arco del triunfo, la torre Eiffel, etc...
Y así se podría hacer una laaaaaaaarga lista de monumentos que hemos visto 1000 veces y que seguirán siendo admirados durante siglos y siglos.

Pero... ¿qué pasa con esas "obras de arte" que son horribles a la vista y que es imposible saber qué son, o para qué sirven?

Lo normal es que se pierdan en el olvido, que nadie se fije en ellas, y que desaparezcan de la noche a la mañana sin dejar rastro. Pero antes de que eso pase, quiero inmortalizar el "monumento" más feo que he visto jamás. De lo feo que es, hay que reconocerle cierto mérito, y por eso quiero mostrarlo al mundo.

Si alguien puede ver el significado de esta cosa, que no se corte y que nos lo explique, pero como diría Anthony Blake: "No le deis más vueltas. No tiene sentido".





Si es que la propia "escultura" parece llorar como diciendo: no me odiéis, no tengo la culpa de ser así.

Y en el fondo tiene razón.

jueves, julio 13, 2006

Probando

Sí, sí, sí, uno dos, uno dos

Al rico perrito piloto.